Vale.

Imagina un contrato de distribución exclusiva.

Marca de productos de alimentación premium.

Distribuidor para toda España.

Contrato perfecto: “Territorio definido, márgenes acordados, mínimos de compra garantizados, penalizaciones por incumplimiento, cláusula de resolución”.

Tres años después, guerra total.

¿El problema?

Que la marca empezó a vender directamente en su web con envío a domicilio.

El distribuidor dice: "Tengo exclusividad en España, estás incumpliendo el contrato."

La marca dice: "Estaba claro que la exclusividad era para canal retail físico, no para e-commerce directo."

El contrato decía "distribución exclusiva en territorio español" y todas las conversaciones eran sobre retal físico…

Porque cuando lo firmaron en 2019, la venta directa al consumidor no era parte del modelo de negocio.

Y ahí todo se va al garete...

 

Nadie dejó de pagar.

Nadie incumplió un mínimo.

Es un agujero operativo que nadie previó.

Porque las plantillas estándar solo cubren los incumplimientos obvios.

Falta de pago. Falta de entrega. Incumplimiento de plazos.

Pero los negocios a veces no fracasan por eso.

Fracasan por cosas que no fueron previstas.

 

El caso de uso de hoy es un generador de Pre-Mortem contractual.

 

O como me gusta llamarlo: Ingeniería del fracaso.

 

¿Qué hace?

Usa la capacidad “alucinatoria” de la IA (sí, esa que normalmente es un problema) de forma estratégica.

Le das tu borrador de contrato.

Y le pides que imagine 5 historias detalladas y REALISTAS de cómo ese negocio fracasa estrepitosamente.

Pero NO los típicos "no pagaron".

Sino problemas operativos reales y creativos:

  • Choques culturales entre empresas

  • Bloqueos en toma de decisiones

  • Ritmos de trabajo incompatibles

  • Malentendidos sobre responsabilidades del día a día

  • Conflictos de prioridades estratégicas

Y para cada escenario de fracaso, se le dice al modelo:

  1. ¿Hay alguna cláusula en el contrato actual que cubra ese escenario?

  2. Si no la hay, redáctala.

¿Por qué funciona?

Porque tú no puedes imaginar todos los escenarios de fracaso.

Especialmente si es un sector que no conoces bien.

Pero la IA puede generar situaciones plausibles basadas en patrones de miles de casos similares.

Y luego tú decides cuáles son realistas para tu cliente y las incorporas.

Ejemplo:

Tienes un acuerdo entre una startup de IA y un despacho de abogados para desarrollar herramientas legales para este último.

Le pegas el contrato al modelo y le dices:

"Estamos en 2030 y esto ha sido un desastre absoluto. Estamos en juicio. Inventa 5 historias detalladas y plausibles de por qué fracasó. Busca causas operativas, no te limites a “no pagaron”. Sé creativo con los problemas del día a día. Para cada historia, dime si hay cláusulas que nos hubieran salvado. Si no, redáctalas."

 

Pruébalo con tu próximo contrato complejo.

Especialmente si es entre empresas con culturas muy diferentes.

O sectores que no conoces bien.

Seguimos.

 

P.D.: Este es uno de esos casos donde la "creatividad" de la IA no es un defecto, sino una virtud. Úsala antes de que tu cliente descubra los agujeros del contrato a las malas.

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